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La Casa de Bernarda Alba

 Recopilación: Dorys Rueda

 

La Casa de Bernarda Alba, obra de teatro de Federico García Lorca, fue escrita por el poeta dos meses antes de su trágico fallecimiento y se estrenó nueve años después en Buenos Aires, Argentina.

El escritor escribe un drama, de ahí que se hable de una ruptura con las dos tragedias anteriores: Bodas de Sangre (la rivalidad familiar y el honor) y Yerma (la maternidad frustrada).

Otros críticos en cambio hablan de que La Casa de Bernarda Alba cierra una trilogía de tragedias, que se inicia con Bodas de Sangre y Yerma, con las que el autor denuncia una sociedad sometida por los prejuicios morales, donde el destino es una fuerza implacable que no se puede evitar.

 

LA CASA DE BERNARDA ALBA

Por:  Eduardo Galán Font

Lo que impresiona al lector o espectador de La Casa de Bernarda Alba es más que la anécdota argumental, el mundo interior representado en escena, las relaciones humanas y sociales que se establecen entre los personajes, los conflictos que se desarrollan dentro de la casa, los sentimientos apasionados que provocan el drama.

El tema central de la obra es el enfrentamiento entre una moral autoritaria, rígida y convencional (representada por Bernarda) y el deseo de libertad (encarnado por María Josefa y Adela).

Aunque algunos temas secundarios o motivos cobren singular relevancia en el transcurso de la obra, no pueden considerarse ejes nucleares de la acción dramática. La obra desarrolla, por ejemplo, una apasionada historia amorosa, y censura la hipocresía y falsedad de los personajes, pero sobre estos temas predomina el del enfrentamiento entre dos actitudes vitales y dos ideologías: la actitud que defiende una forma de vida dominada por las apariencias, las convenciones sociales, la moral tradicional basada en el autoritarismo y la actitud que proclama por encima de todo la libertad del individuo para pensar, opinar y actuar. En este enfrentamiento resido el núcleo temático y estructurador de la obra. El resto de los temas secundarios o motivos, completan la visión dramática de Lorca.

TEMA PRINCIPAL

El enfrentamiento entre la moral autoritaria, rígida y convencional (representada por Bernarda) y el deseo de libertad (encarnado  en Adela y en María Josefa).

La Casa de Bernarda Alga plantea el enfrentamiento constante entre un modelo de conducta autoritario y rígido y otro abierto y progresista. La oposición se plantea desde el comienzo de la obra. Bernarda intenta imponer sus normas opresivas basándose en la autoridad que le concede su posición de "cabeza de familia" -tras la muerte del marido-, mientras que tanto María Josefa (la madre de Bernarda) como Adela intentan rebelarse y hacer frente a su dominio. Las demás hijas -Angustias, Magdalena, Amelia y Martirio- aceptan con resignación la suerte que les ha correspondido, aunque es cierto que, Martirio parece enfrentarse a su madre en alguna ocasión.

Las criadas (Poncia y Criada) viven bajo el dominio y la autoridad de Bernarda: la temen, no se atreven a enfrentarse con ella y se limitan a murmurar a sus espaldas.

El autoritarismo de Bernarda se manifiesta ya en su primera intervención, está presente en las últimas palabras que pronuncia, y constituye una constante de su actitud y de su carácter.

Impone en primer lugar, un luto de ocho años por la muerte de su marido. Esta decisión provoca una leve protesta de Magdalena, que es sofocada de inmediato:

Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre (Acto I).

Marca rígidamente el comportamiento que han de mantener sus hijas en relación con los hombres. Aquella que desobedezca sufrirá las consecuencias.

Restablece el orden cuando sus hijas discuten:

¡No os hagáis ilusiones de que vais a poder conmigo! (Acto I)
 
¡Hasta que salga de esta casa con los pies adelante mandaré en lo mío y en lo vuestro (Acto I)

En opinión de Bernarda, “una hija que desobedece deja de ser hija para convertirse en enemigo” (Acto III). Por eso, el acto II, cuando Angustias reivindica su derecho a saber por qué el Romano ronda la casa hasta las cuatro de la madrugada, su madre le contestará:

Tú no tienes derecho más que a obedecer.

Todas las mujeres de la casa deben someterse a su disciplina:

Aquí no se vuelve a dar un paso que yo no sienta! (Acto II)
Mi vigilancia lo puede todo. (Acto III)
 
Sin embargo, el deseo de libertad y el impulso amoroso de Adela son más fuertes que su temor a la autoridad materna.

Desde el comienzo de la obra Adela manifiesta su rebeldía:

-Lleva un abanico de flores rojas y verdes en lugar del abanico prescrito por el luto.

-Se prueba su vestido verde y lo hace ante las gallinas; y

-Expresa sus deseos de libertad y su decisión de romper con las normas de Bernarda:

¡Mañana me pondré el vestido verde y me echaré a pasear por la calle! (Acto I)
Nadie podrá evitar que suceda lo que tiene que suceder (Acto II)
¡Mi cuerpo será de quien yo quiera! (Acto II)

Pero el tiempo de su libertad es efímero. Con el subsiguiente suicidio de Adela –último signo de rebelión en defensa de una libertad imposible- se ciega para sus hermanas el camino de la libertad imposible- se ciega para sus hermanas el camino de la libertad. Otra vez se impone la sombría y oscura dominación de Bernarda y sus hijas se ven condenadas a vivir encerradas sin la más mínima esperanza. Si alguna de ellas tuviese la tentación de soñar con el amor o la libertad, se le haría presente el amargo final de Adela por haberse atrevido a desafiar la autoridad de Bernarda.

 María Josefa da cauce a su rebelión a través de la locura, única vía de escape para un personaje maltratado y enclaustrado en una habitación. Su prisión resulta aún más asfixiante que la de las hijas de Bernarda, al ver reducido aún más su espacio vital.

Sin embargo, su locura le da fortaleza para proclamar sus anhelos de libertad, enfrentarse a Bernarda y denunciar su tiranía y el sufrimiento y el sometimiento de las otras mujeres.
 
En síntesis, la opresión y el autoritarismo de Bernarda provoca dos respuestas, estériles, en búsqueda de la libertad: la locura de María Josefa y el suicidio de Adela.
 
TEMAS SECUNDARIOS O MOTIVOS
 
  • El amor sensual/La búsqueda del varón

  • La hipocresía: el mundo de las falsas apariencias

  • El odio y la envidia

  • La injusticia social

  • La marginación de la mujer

  • La honra

   

 

Motivo 1: el amor sensual, la búsqueda del varón

El drama de estas mujeres encerradas se concreta en la ausencia de amor en sus vidas y en el temor a permanecer solteras. El dominio tiránico de Bernarda, que ha impuesto un riguroso luto de ocho años y que controla cada uno de los movimientos de sus hijas, impide cualquier posibilidad de que éstas entablen una relación amorosa.

Bernarda alejó por medio de engaños –antes del tiempo escénico- a Enrique Humanes, que pretendía a Martirio; y ya en el transcurso de la obra, prohibirá la entrada de los hombres en su casa:

No hay en cien leguas a la redonda quien se pueda acercar a ellas. Los hombres de aquí no son de su clase (Acto I)

En consecuencia, sus hijas han perdido toda esperanza de encontrar marido. Ante la propuesta de Bernarda de que pasen los años de luto bordando el ajuar para una posible boda futura. Magdalena expresa una certidumbre: “Sé que ya no me voy a casar” (Acto I).

La irrupción en su mundo cerrado de Pepe el Romano desencadenará las pasiones de estas mujeres solteras que desean casarse para liberarse de la tiranía de Bernarda y para vivir alegres y felices.

Bernarda acepta la extraña propuesta del Romano que quiere casarse con la mayor y más dfea de las hermanas:

-Angustia sueña feliz con su boda,

-Martirio se enamora del Romano y sufre por no poder atraer su atención; y

-Adela, también enamorada, llega a mantener relaciones con el hombre más atractivo del lugar.

La presencia del hombre –como búsqueda y deseo del varón- y la pasión amorosa se concretan por dos caminos diferentes: (a) por medio de referencias y alusiones a historias amorosas acaecidas fuera de escena; y (b) por medio de vivencias auténticas de los personajes.

1. La Criada en su monólogo alude a los requiebros eróticos del difunto marido de Bernarda.

2. Poncia le cuenta a Bernarda lo ocurrido con Paca la Roseta.

3. Martirio refiere los orígenes turbulentos de Adelaida, amiga de las hijas.

4. Amelia recuerda a Enrique Humanes, antiguo pretendiente de Martirio.

5. María Josefa afirma que se quiere casar “con un varón hermoso a la orilla del mar”.

6. La Poncia rememora la declaración amorosa de su marido Evaristo el Colorín.

7. Al escuchar el canto de los segadores que vuelven del trabajo, la Poncia exalta las cualidades de los hombres, de manera que turba el sosiego de las mujeres.

8. Los vecinos del pueblo quieren matar a la hija de la Librada que ha tenido un hijo de soltera, lo ha matado y lo ha escondido “para ocultar su vergüenza”.

Vivencias reales del amor sensual

Ya en el acto primero se nos ofrecen algunos indicios de la pasión de Adela: el abanico de flores rojas y verdes –que simbolizan amor y pasión- contrario al luto; el traje verde, con el que acude al corral –lugar de sus posteriores encuentros amorosos- a mostrarse ante las gallinas; y su reacción al enterarse de que Pepe el Romano quiere casarse con Angustias.

En el segundo acto se produce la evolución de Adela: la muchacha pasa de los deseos a los hechos. Poncia intenta advertirla y amonestarla,. Pero Adela arde en pasión amorosa.

Ella misma define su pasión como un fuego que le queda y arde en su interior. Un fuego que la lleva a expresar en lenguaje poético su deseo sexual:

Mirando sus ojos me parece que bebo su sangre lentamente. (Acto II)

En su enfrentamiento con Martirio en el segundo Acto, Adela justifica su pasión amorosa:

MARTIRIO -¡He visto cómo te abrazaba!
ADELA –Yo no quería. He ido como arrastrada por una maroma. (Acto II)

La causa de su pasión está en la fuerza del destino, que la priva de libertad y de juicio.

En el acto tercero, se insiste en el entusiasmo amoroso de Adela aludiendo al caballo semental (símbolo de la pasión erótica) y a las estrellas y la belleza de la noche.

Al ser descubierta en el corral, Adela se enfrenta con su hermana Martirio y expresa la violencia desmedida de su pasión amorosa:

Pepe el Romano es mío. Él me lleva a los juntos de la orilla…

Finalmente, afirma su libertad amorosa al exclamar: “¡En mí no manda nadie más que Pepe” (Acto III).

El deseo de amar en las demás hermanas

Martirio también se ha enamorado de Pepe el Romano. Su pasión amorosa, secreta, despierta sus celos y su envidia. Ve que pierde el Romano e intenta destruir a Adela.

Hasta el segundo acto no descubrimos su pasión amorosa. En la escena de los segadores se intuye su deseo…Pero no quedará al descubierto hasta el episodio del retrato.

En su enfrentamiento con Adela, en el tercer acto, Martirio reconoce su amor hacia Pepe el Romano.

Desde el funeral –en el primer acto-, Angustias va al encuentro de los hombres. Esta actitud despertará la cólera de su madre. En el segundo y tercer acto su figura queda relegada y sólo se nos refiere que Pepe el Romano mantiene con ella una actitud fría e indiferente. En su carácter podemos observar recelo e inquietud.

Finalmente Amelia y Magdalena participan también del deseo y de la necesidad del varón, pero apenas hay lugar para que expresen sus sentimientos.

Motivo 2: La hipocresía, el mundo de las falsas apariencias

La preocupación por la opinión ajena, el temor a la murmuración, el deseo de aparentar lo que no se es, y en definitiva, la hipocresía que enmascara y oculta la realidad constituye uno de los motivos recurrentes de La Casa de Bernarda Alba.

Obsesión por la limpieza

Simbólicamente, esta preocupación por las apariencias se refleja en la obsesión por la limpieza (la blancura de las habitaciones) que caracteriza a Bernarda. La Criada llega, incluso, a quejarse de “tener sangre en las manos” de tanto fregar. Sin embargo, Bernarda la recriminará por no haber limpiado bien: “Debías haber procurado que todo esto estuviera más limpio para recibir al duelo”. (Acto I).

El temor a las murmuraciones

El miedo a la murmuración es una constante en la vida del pueblo y marca la conducta de Bernarda, que teme lo que puedan decir las Mujeres que asisten al pésame.

Por miedo a los comentarios de sus vecinas oculta a su madre y no permite que la vean las Mujeres. Bernarda se avergüenza de la locura de su madre.

Las primeras palabras de Bernarda al oír el alboroto de sus hijas tras la desaparición del retrato de Pepe el Romano se referirán a sus vecinas:

¡Qué escándalo es éste en mi casa y con el silencio del peso del calor! Estarán las vecinas con el oído pegado a los tabiques (Acto II).

Las hijas son conscientes del daño que causan las malas lenguas y se quejan amargamente de que sus vidas estén condicionadas por la opinión ajena.

AMELIA –De todo tiene la culpa esta crítica que no nos deja vivir…
MAGDALENA –(Refiriéndose a la época de su abuela). Una boda duraba diez días y no se usaban las malas lenguas. Hoy… nos pudrimos por el qué dirán (Acto I).

La hipocresía y la necesidad de aparentar

El mundo de las falsas apariencias y de la hipocresía como forma de comportamiento social afecta, fundamentalmente, a Bernarda y, en menor medida, a Martirio.

Cuando Magdalena comunica a sus hermanas que Pepe quiere casarse con Angustias, Martirio y Adela fingen alegrarse. Magdalena les recrimina su falsedad y se justifica diciendo que Angustias es fea, antipática y vieja…Sin embargo, Martirio vuelve a fingir… “¡Puede que a él le guste!”, dice-y Magdalena se ve obligada a denunciar su hipocresía: “Nunca he podido resistir tu hipocresía”.

La hipocresía será un rasgo característico de Martirio a lo largo de toda la obra. En el episodio del retrato, su disculpa, además de resultar inverosímil, revela su constante falsedad.

A Bernarda sólo le interesan las apariencias, como lo demuestra al aconsejar a Angustias que hable con Martirio:

BERNARDA –(…) Lo que pasó del retrato fue una broma y lo debes olvidar.
ANGUSTIAS –Usted sabe que ella no me quiere.
BERNARDA –Cada uno sabe lo que piensa por dentro. Yo no me meto en los corazones, pero quiero buena fachada y armonía familiar. (Acto III).

Finalmente, tras el suicidio de Adela. Bernarda quiere ocultar la realidad y aparentar que nada extraño ha sucedido:

¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestidla como su fuera doncella! ¿Nadie dirá nada! ¡Ella ha muerto virgen! (Acto III).

En la obra, según el crítico, también hay otros temas secundarios como son: el odio y la envidia, la injusticia social, la marginación de la mujer y la honra.

Motivo 3: El odio y la envidia

Las relaciones humanas están dominadas por los sentimientos de odio y envidia. Bernarda se convierte en objeto del odio de sus criadas y de los vecinos del pueblo. Alimenta en sí misma el odio hasta tal punto que se convierte en un personaje detestable.

Angustias es odiada y envidiaba por el resto de sus hermanas. Y por su parte, ella también las odia.

El odio, la envidia, los celos, llevan a Martirio a acusar, finalmente a su hermana Adela.

Toda la obra está repleta de pasajes en los que se manifiesta el odio.

Las mujeres viven encerradas en un mundo inhóspito y salvaje: los deseos de amar y ser libres y la imposibilidad de alcanzarlos impulsa a las hijas de Bernarda a alimentar fuertes sentimientos de odio y de envidia.

Motivo 4: La injusticia social

A lo largo de la obra y, especialmente, durante el primer acto, Lorca pone de manifiesto las tensiones de la sociedad de su época. Denuncia la injusticia y las diferencias sociales, la conciencia y orgullo de clase y la crueldad que preside las relaciones de la sociedad.

Plantea una jerarquía social bien definida. En el estrato más elevado está Bernarda (y su familia), a continuación la Poncia, después la Criada, y finalmente, en una posición ínfima, la miseria absoluta, la degradación social, la injusticia humana, representada por la mendiga.

1.Bernarda

2. Poncia

3. Criada

4. Mendiga

Las relaciones humanas están jerarquizadas y dominadas por la crueldad y la mezquindad del que ocupa el estrato superior con quien se encuentra en una posición inferior; y por la sumisión resignada –teñida de odio- de quienes están en los escalones inferiores hacia Bernarda, que ocupa el lugar más elevado.

Cada personaje tiende a humillar al que se sitúa en el estrato inferior de la jerarquía social. La Criada humilla a la mendiga que viene pidiendo “las sobras”.

Aunque la Poncia no humilla a la Criada, mantiene las distancias y se dirige a ella con cierta superioridad: “limpia bien todo… este cristal tiene unas motas”.

La Criada será tratada de modo humillante por Bernarda, que al entrar las Mujeres del duelo, le dije: “Menos gritos y más obras…Vete. No es este tu lugar”. Al marcharse la Criada, Bernarda sentencia:

Los pobres son como animales. Parece como si estuvieran hechas de otras sustancias (Acto I).

Bernarda animaliza a la Criada, de forma paralela al trato dado previamente por ella misma a la Mendiga.

Poncia también será humillada por Bernarda, quien, en un pasaje del segundo acto, le recordará sus orígenes.

Motivo 5: La marginación de la mujer

Asimismo Lorca ha querido denunciar la marginación de la mujer en la sociedad de su época. Para ello, enfrenta dos modelos de comportamiento femenino: (a) el basado en una moral relajada (Paca la Roseta, la prostituta a la que contratan los segadores, y la hija de la Librada); y (b) el basado en una determinada concepción de la decencia (a la que Bernarda somete a sus hijas).

Motivo 6: La honra

Ligado al tema de las apariencia y vinculado al tema del amor se desarrolla en Bernarda Alba la problemática de la honra. Bernarda se mueve guiada por unos principios convencionales y rígidos -apoyados en la tradición-, que exigen un comportamiento público inmaculado, es decir, una imagen social u honra limpia e intachable.

Por eso Bernarda recrimina el comportamiento de Angustias, que mira a los hombres durante el funeral.

Será igualmente la preocupación por la honra, por no mancharse, la que lleve a la Poncia a aconsejar a Adela de que deje al Romano.

Este sentido de la honra que guía a Bernarda y a Poncia es el mismo que impera en el pueblo: el que hace posible el linchamiento de la hija de la Librada.

                  La Casa de Bernarda Alba, Ediciones Daimon

 

 
 EL ENCARCELAMIENTO
EN LA CASA DE BERNARDA ALBA

Por: Gwynne Edwards

La Casa de Bernarda Alba es una obra en la que el sentido de encarcelamiento es casi absoluto. El reflejo inmediato de esta realidad lo tenemos en la casa, verdadera prisión donde Bernarda ejerce su gobierno tiránico sobre su madre, sus hijas y sus criadas. Pero la casa es, al mismo tiempo, el símbolo de una situación que se extiende más allá de esas cuatro paredes, pues si todas las personas de la familia de Bernarda son sus prisioneras, Bernarda es a su vez prisionera de otras realidades: del mundo de fuera de su casa, de las gentes del pueblo, de sus comentarios, de su envidia y su malicia, y de todos los valores que esas gentes representan, como son el honor, la costumbre y la tradición, valores todos ellos inflexiblemente respetados. Se trata, ciertamente de un mundo en el que hombres y mujeres son prisioneros unos de otros, víctimas de sus miradas fisgonas y de sus lenguas maldicientes; pero un mundo en el que sus gentes viven también prisioneras de la naturaleza.

A lo largo de la obra, se nos hace ver ese calor continuo y sofocante que oprime a las personas, día a día, a través del largo verano de España. Por otra parte, son las suyas unas vidas enclavadas en un paisaje donde los cauces de los ríos bajan secos y la sensación de desolación se hace sentir más intensamente. Es más, esa tiranía de la Naturaleza, existirá también dentro de las propias personas a través de la fuerza de sus instintos y pasiones, cuyo dominio es tan total y completo como en los animales, los cuales, en esta obra, aparecen siempre cercanos a las vidas humanas. Los ciegos e inevitables procesos que operan en la naturaleza actúan también a través de los hombres y las mujeres y si de vez en cuando surge la impresión de un mundo distinto, es el que los hombres son libres, se trata siempre de una visión fugaz y apartada de ese recinto claustrofóbico que constituye la familia de Bernarda, la cual se irá a apoderando cada vez más de nuestra imaginación hasta llegar a convertirse en imagen de la humanidad entera.

Al levantarse el telón, vemos en escena una habitación blanca, vacía y silenciosa del interior de la casa de Bernarda. Desde el principio, la idea de enclaustramiento estará fuertemente presente: los muros gruesos de la habitación, su silencio opresivo y la deprimente e inevitable uniformidad del color de las paredes son el símbolo material de las fuerzas, que en muchos otros sentidos, aprisionan a los personajes de la obra. Por otra parte, esa habitación tiene a la vez un valor particular y universal, y así como es parte de la casa de Bernarda, su forma y su color nos hablan también de otras habitaciones y otras casas distintas de las de Bernarda, de la totalidad del pueblo en el que vive Bernarda y de otros pueblos parecidos.

El doblar de las campanas une a la habitación con el pueblo, prolongando hacia fuera esa sensación de insoportable monotonía y dando a entender que más allá de esas paredes reina también una general claustrofobia de la que la casa de Bernarda es sólo un ejemplo. El silencio de la habitación es también parte de un silencio más hondo en el que se ahogan y acallan los secretos deshonrosos. El vacío de muebles es expresión de las vidas vacías y sin sentido de esas gentes. Y la desnudez de las paredes sugiere la esterilidad de un mundo en el que –como es el caso de los cuadros, que parecen estar extrañamente fuera de lugar- todo lo creativo se ve aplastado. Sin que aún no se hayan pronunciado una sola palabra, captamos en seguida la atmósfera de la obra y atisbamos claramente el tipo de problemas que se nos va a exponer.

El Teatro de Federico García Lorca, Editorial Gredos

Portada: http://evagraciadumperth.blogspot.com/

 

 

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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  • mapOtavalo, Ecuador, 1961.

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