Fuente oral: Idelfonzo Lamiña
Recopilación y transcripción: Felipe Peña

 

Kashijin era un niño de 6 años que amaba a la naturaleza. Él tenía el don de conectarse con ella y escucharla. Era pastor de vacas  y todos los días muy temprano salía al bosque a dejar a los bovinos de  Yumi, mientras iba rezando, cantando o filosofando. Después  se marchaba a la escuela y a su regreso,  almorzaba con  su madre ya que  Jeck su padrastro estaba trabajando.

Él era hijo único, Jeck era estéril y lo había acogido como un hijo propio.

Un día  Kashijin, después de almorzar y ver la televisión, fue a buscar el  ganado. Se sacó los zapatos para sentir el suelo. Sus pies se habían adaptado al bosque. Todo él era uno con la Tierra e iba siempre acompañado de su perro fiel Brack , un pastor alemán  de tres años, quien lo cuidaba de los peligros del bosque.

Su abuelo le había contado una historia, la historia del guagua Auca, un  demonio que habitaba en el gran bosque encantado de Pinsha (colibrí).  Este demonio  detestaba a las personas limpias de espíritu, no soportaba su presencia, pues le recordaba  al santo espíritu  de Dios.

El guagua Auca se alimentaba del placer, por eso tentaba a hombres y mujeres desenfrenados. También se alimentaba del miedo y sufrimiento. Por eso embrutecía a los hombres del pueblo  con alcohol.

Kashijin tocaba  la quena mientras corría y se adentraba al bosque. Llegaba  a la gran pampa, subía a su  árbol preferido, que era el más grande y viejo del lugar. En una rama muy cómoda, adaptada a su cuerpo, se sentaba todos los días, tocaba  la  quena y esperaba a que las vacas llegaran.

Al cabo de una hora,  las bestias se anunciaban con el mugido de mitos,  que es la vaca madre de la manada y había parido un hermoso ternero, al que Kashijin bautizó con el nombre de Brondzuid. Al escuchar a mitos,  Kashijin se alegró, bajó ágilmente del árbol y corrió a su encuentro.

Aunque parezca increíble los animales saludaban al niño. Una vida con ellos le había dado la facultad de comprender el lenguaje animal. Esto lo hizo a base de observación y memorización de los gestos y ruidos de los animales que observaba y escuchaba. Comprendió fácilmente un lenguaje que no se decía con palabras, sino que se comprendía desde el corazón, desde las entrañas. Era la vibración universal y el respeto hacia los más indefensos. Un animal por más feroz que  fuera, jamás se podría igualar la ferocidad de la inteligencia del hombre. Kashijin comprendió esto y supo su misión de cuidar a toda la naturaleza. Muy fácil para un niño que soñaba con salvar el universo.

Ese día Kashijin sintió algo extraño, un aire pesado que recorría la pampa. Los animales fueron los primeros en percibirla. De  un momento a otro, se pusieron alerta  y comenzaron a mugir. Brack se levantó al oír el ruido de los animales y corrió  a defenderlos de una sombra maligna que se acercaba con una risa aguda y estridente que ensordecía.

De pronto, sin explicación,  brack cayó al piso y aulló de dolor. Se levantó embobado con un suave llanto tenebroso. Su semblante había cambiado, la sombra maligna se había apoderado de él. Kashijin desconoció a su fiel amigo. El demonio que estaba dormido había despertado al sentir el santo espíritu del niño. Sin embargo, el demonio sintió miedo de que hubiera en la Tierra  un santo guerrero de Dios que  limpiaría los males y lo exterminaría de la faz de la Tierra.

-Brack, carajo, detente, gritó Kashijin lo más fuerte que pudo.

-Para… ¿Qué te pasa? ¡No les hagas daño a los animales, por favor!

Así el niño desconcertado y con miedo, se desató en llanto, al no saber qué había enloquecido a su amado amigo. La risa estridente sonó otra vez. Kahijin alzó la mirada y vio al demonio. Recordó entonces la historia que le  había contado su abuelo,  de la pelea que tuvo con este espectro. Recordó lo más importante, cómo vencerlo.

Para derrotar al demonio había que enroscar un rosario en el puño más débil. La camándula debía ser bendita por un sacerdote y el portador tenía que haber orado con ella para cargarla de poder divino. Así lo hizo,  rezó un Padrenuestro y un Ave María. La fe del niño fue tan grande que la fuerza de Dios se transformó en luz y emanaba de su corazón, extinguiendo a aquella sombra maldita.

Desde ese día Kashijin creyó las historias de su abuelo.

 

Portada: Bosque ecuatorial
http://leivaciencia.blogspot.com/2013/03/biomas-terrestres-el-bosque-ecuatorial.html

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  • homeLa autora Dorys Rueda, 13 de Febrero del 2013.
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